El Marketing emocional agita nuestros sentimientos hacia las marcas.

Toda marca busca dejar una huella en sus consumidores. En especial, cuando el mercado está bastante saturado con productos y servicios que se asemejan unos a otros. Ahora las marcas ya no solo buscan informar sobre lo que ofrecen, sino diferenciarse de su competencia. Y esto lo logran con la creación de lazos emocionales con sus consumidores.

A eso se denomina marketing emocional: inculcar sentimientos hacia nuestros productos/servicios para que generen actitudes favorables hacia la marca. Como se menciona en una investigación de la Universidad de León (2013), «el marketing emocional no busca enseñarnos las múltiples cualidades de un producto, sino agitarnos para sentir emociones y, sin darnos cuenta, desear ese producto”.

Estas estrategias de mercadeo se implementan con mucha frecuencia cuando se quiere agregar más valor a determinados productos que de por sí no resultan «deseables» o «especiales» para el público. Es decir, que llegan a poseer ciertas características no positivas, o que tienen características casi estandarizadas con los de la competencia. En estos casos, lo intangible (las emociones) arremete con mayor fuerza que los atributos palpables del producto.

Así pues, su uso influye tanto en la imagen que se cree de la marca y, por ende, en su reputación. Y una marca con buena reputación en el mercado es sinónimo de confianza hacia el cliente. (Leer también: Atraiga clientes, abrace la sencillez https://www.tobmagazine.com/009-atraiga-clientes-abrace-la-sencillez/).

¿Cómo se genera ese impacto en los consumidores?

Para que las marcas sean elegidas por los consumidores, estas deben estar provistas de una identidad propia. Una marca no es solo el logotipo, el nombre, o la imagen de la empresa; una marca es la creación de una personalidad. La identidad es lo que tú eres, lo que te hace único, lo que te diferencia.

El usuario debe sentir la necesidad de comprar la marca porque se identifica con ella, y no tanto por el producto en sí. Tal es el caso de Apple, por ejemplo. La compañía de la manzana ha creado una identidad que gira en torno a ‘la innovación y la simplicidad’ en sus productos para que los usuarios disfruten de la experiencia que estos les brindan. Así logró posicionarse como una marca emocional, porque en lugar de decir “te venderé un reproductor de mp3”, te dice “vive la experiencia de llevar tu música contigo”.

Otro aspecto fundamental es el servicio al cliente y como este servicio cumple con la promesa de marca, una experiencia de servicio positiva genera lealtad hacia la marca. En ocasiones, puede ser que un producto no satisfaga una necesidad como otro sí lo hace. Pero el hecho de saber que detrás de aquella marca hay alguien preocupado por el cliente, basta para que los consumidores la elijan entre otros similares en el mercado.

La experiencia de marca también juega un papel importante en este aspecto, porque no solo es el hecho de hacerles vivir la experiencia, sino de ayudarles a encontrarla. Ahí es cuando el servicio al cliente toma fuerza.  Bien dice el dicho: “El cliente no compra productos, sino que compra soluciones”. Y las soluciones inician cuando ayudamos al consumidor a establecer sus problemas (servicio al cliente) y culminan cuando los resolvemos (comprar nuestro producto).

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