La tecnología de la información encendió una revolución industrial enfocada al desarrollo inteligente de las cosas. Esta coyuntura, que se deriva por una mejora en los procesos de trabajo, ha generado un apetito competitivo en todos los sectores. ¿Están preparadas las marcas para enfrentar un mercado con más necesidad de mensajes claros y precisos?

El surgimiento de productos inteligentes ofrece exponencialmente la ampliación de oportunidades para un desarrollo de nuevas funcionalidades con mayor fiabilidad, más uso de los productos, y las capacidades que atraviesan y trascienden las fronteras tradicionales de los mismos. Todo esto también derivó en transformar a las cadenas de valor, rediseñando lo que se hacía internamente.

Estos productos, sobre todo, generan un cambio en las industrias que conlleva a un aumento de la competitividad en cada sector, reconfigurando los límites de la industria. Se plantean un conjunto de opciones estratégicas relacionadas en cómo se crea valor y cómo se captura eso, de qué forma se usa y gestiona la cantidad de información que se genere; cómo se redefinen las relaciones con los socios comerciales tradicionales… En fin, diversas preguntas que se plantean los departamentos operativos que toman decisiones en una compañía.

La frase “Internet de las cosas” ha surgido para reflejar el creciente número de productos conectados, aunque esto simplemente se trate de un mecanismo para transmitir la información. Esto obedece a que las capacidades se amplían con estos productos inteligentes, que marcan una nueva era de la competencia, y que permite que las empresas miren más allá de las propias tecnologías para su transformación.

Antes de la llegada de la tecnología moderna de la información, los procesos eran manuales, escritos en papel, y la comunicación sumamente verbal, sin intermediarios electrónicos. Hoy, la tecnología mueve a la gente; es casi imposible pensar en trabajar sin tener acceso a la Internet.

El auge de Internet, con su conectividad barata y ubicua, desató la segunda ola de las TI impulsada por la transformación, en 1980 y 1990, según Michael Porter en su artículo “Estrategia y el Internet”, para el Harvard Business Review.

Las dos primeras olas dieron lugar a enormes aumentos de la productividad y al crecimiento en toda la economía. Sin embargo, los productos no se vieron afectados.

Pero en la tercera ola, la gran cantidad de información generada por los avances tecnológicos permitieron (y permiten actualmente) que los sensores, procesadores, software y conectividad en general, muestren impresionantes mejoras.

Esto, por consiguiente, desató una remodelación de la cadena de valor, una vez más, por el cambio de diseño de productos, marketing, fabricación y servicio post-venta, y la creación de la necesidad de nuevas actividades como el análisis de datos de los productos y su seguridad.

Algunos han sugerido que la Internet de las cosas transforma todo, aunque las ventajas competitivas siguen siendo las mismas. Eso sí: con los equipos inteligentes en constante auge, las empresas requieren entender estas reglas mejor que nunca.

¿Inteligentes? ¿Cómo?

Los productos inteligentes se componen de tres elementos básicos: físicos (partes mecánicas y eléctricas), inteligentes (sensores, microprocesadores, software…) y conectividad (puertos, antenas, etc.). Esos componentes inteligentes maximizan las capacidades y el valor de los físicos, mientras que la conectividad amplifica las capacidades y el valor de los componentes inteligentes. Es decir, es un círculo constante de mejora de valores.

Claro que la conectividad tiene un doble propósito: permite que la información se intercambia entre el producto y su entorno operativo, es decir, entre su fabricante, sus usuarios, y otros productos y sistemas. Además, permite a algunas funciones del producto existir fuera del dispositivo mismo, en lo que se conoce como la nube del producto. Por eso, para lograr altos niveles de funcionalidad, los tres tipos de conectividad son necesarios.

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Pero, ¿están las empresas preparadas para comunicar estas bondades basándose en una conciencia social marcada, en impulsar en realidad los avances de esos productos y no solo en efímeras transformaciones?

Schneider Electric es una de las firmas que más avanza en ese camino, y entiende cómo esta transformación de productos inteligentes puede beneficiar a la empresa, pero sobre todo al mercado.

Anclados en la temática de ambientes funcionales, la compañía trabaja muy de cerca en su parte de ventas para que cada ejecutivo se interiorice con las necesidades de los clientes. Es decir, hacer un trabajo personalizado que provoque fidelidad con el usuario y confianza en lo que realmente obtendrá de la marca.

Y es que según la Administración de Información sobre Energía (EIA, por sus siglas en inglés), el mundo usará 56% más energía en 2040. Y apenas el 20% de toda la que se use a nivel mundial no provendrá de combustibles fósiles. ¡Clic!

¿Qué comercializa Schneider? Dispositivos de energía inteligentes para generar ambientes más eficientes, mejor climatizados y adecuados, ya sea en hogares, oficinas o cualquier infraestructura.

Este enfoque, ya más profundizado en países desarrollados tecnológicamente, tiene poca atención en Ecuador, aunque culturalmente la permeabilización de multinacionales en las estructuras corporativas del país permite que estas prácticas se generalicen y no sean simplemente apuestas de las grandes industrias.

La compañía, a través de sus canales de comunicación con su cadena de valor, expone los resultados de usar estos dispositivos inteligentes que, a futuro, serán los que adquieran mayor demanda por estar atados a la coyuntura que poco a poco se inserta en el debate popular.

En ese camino, los departamentos de marketing deben atender nuevos requerimientos del público crítico, que no solo desea apreciar un producto desde el lado textual o comunicativo, sino desde su lado tangible, con mayor interacción para probar si es tan real como lo sugieren. Y la marca que construya su posicionamiento a través de esos valores, tendrá una ventaja frente a quienes no aceptaron que el surgimiento de propuestas ‘smart’ tiene visa ilimitada.